Tras ver la película "Lóczy, un hogar para crecer" y comentarla en clase, llegamos a la conclusión de que Lóczy es una pedagogía basada en la atención individual y en la autonomía.
¿Quién fue Emmi Pikler?
Emmi Pikler (1902-1984) fue una pediatra austriaca que desarrolló su labor profesional en Hungría. Trabajó como pediatra de familia y fue, durante más de treinta años, directora de una institución de acogida para niños huérfanos y abandonados. (Instituto Lóczy de Budapest)
En 1970 el Instituto Lóczy se convirtió en el Instituto Nacional de Metodología de los hogares infantiles de Hungría, siendo centro piloto para todos ellos e impartiendo formación para médicos, enfermeras, psicólogos, pedagogos, maestros y cuidadores. Esta actividad formativa sigue en la actualidad, siendo un referente mundial en atención educativa y cuidados para los profesionales que trabajan en la atención de la infancia. Por todo esto, el modelo educativo de Lóczy es un referente imprescindible para la educación infantil 0-3.
Principios de la Pedagogía Pikler-Lóczy
El respeto al niño como persona, como ser único que establece relaciones y que influye en los acontecimientos de su entorno. Y, en consecuencia, el valor de una atención lo más individualizada posible.
La libertad de movimiento y la conquista de autonomía. El valor de la actividad autónoma, basada en la iniciativa del niño que surge de su propio interés, que le proporciona satisfacción y que se autorefuerza por el resultado que obtiene. Y, en consecuencia, el valor de un entorno estimulante y rico que despierta este interés.
La pedagogía de la vida cotidiana, el valor de las pequeñas cosas, grandes cosas para los niños. La comunicación verbal de todas las actuaciones que la persona adulta hace al niño. La suavidad de los gestos, la petición de su participación y la espera atenta de su colaboración en estas actividades cotidianas de alimentación, higiene, vestido, etc.
Además de la estabilidad, la regularidad, como fuente de seguridad. El valor de las relaciones personales, de la constancia en las actividades educativas, y de la personalización de la relación entre el adulto y el niño que proporcionan la seguridad necesaria al pequeño para su progreso global.

